A Silvia Betancourt

Cerramos el día tras las cortinas

De inquietud

Atribuyendo despojarnos de una

Segunda piel.

Así nos traga la noche (desnudos)

Para adentrarnos en su vientre blanco;

En el que solíamos hallar lugar

Entre las estrellas.

Y desde el balcón de las lindes

Fecundábamos bandadas de sueños;

Y como a pájaros les hacíamos volar.

Displicencia democrática.

Aquí afuera: Cae la lluvia y deshace la piel.

Aquí afuera: También calienta el sol;

Suceden cosas  Inauditas:

Frente al palacio Agonizan  arboles corpulentos,

Y los pájaros  anidan pensamientos en ramas secas.

ya no se discierne  entre derecha e izquierda,

se confunde el ismo de sus extremas.

Aquí afuera: el mañana no tiene misterio,

No. No más que el día presente sin resolver.

Allá adentro: Mora el rey,

Bebe el infinito para tragarnos

De un sorbo, en un instante.

Silencio del cielo

¿Qué voy a decir de este cielo?
Mirar y mirarle una y otra vez;
Incinerare  el mar;
Me náusea sus mareas.
¡Pero que de este cielo?
¿…?
Tú ni yo lo comprenderemos.
Esconde y pone rojo al sol;
Y la luna  galantea  su alma de luz.
Y mi corazón muere lentamente
Por ese insondable azul.
Y cuando está casi muerto,
Aparece su voz
De imposibles infinitos.
Y en su lírica canción
Siega espigas de oro
Y no hay túnel para expirar.