El regreso de la lluvia tardía

De esa no noche confusa y doliente

Viene la madrugada preñada de alba,

El árbol viejo, frondoso retoño será.

Y un cantar luminoso estremece.

Son las ondas entre los tiernos arboles

Viene, cantando vienen. ¡Prestos!

La esperanza y el buen porvenir,

Han llegado colmados de aromas y risas;

¡Sacia la sed de los lirios;

Abre fuentes cristalinas!

 Atónito  mi corazón se sienta

Junto a la alborada de los sueños.

Quebrantado ha sido el suelo de hierro,

Disipado el cielo de bronce;

Desde entonces,

Llueve.

Y germina la tierra.

A vosotros

A vosotros que entendéis mis letras
Y hacéis de ellas ríos caudalosos.
A vosotros a quien os hierve la sangre
En un país de afectos yertos…

De vosotros anuncio su bramar cercano,
¡Oídlo tú también, cual brama el mar,
Y cual tiembla el cielo!
Déjame o ve conmigo,
Avancemos de este inicuo suelo,
Aunque muerto este, morir no quiero…
No sin antes desafiar al miedo.

A vosotros os escribo,
Mis letras vehementes;
iracundas desatan
subversiva  resonancia
de las voces que convergen.
A vosotros…

El estrépito de su voz

Ya no sé bien,
Si las aguas turbias cristalinas han de tornar.
Ya no sé bien,
Cuanto mide la profundidad del mar,
cuál es la furia de su tempestad.
No. No sé bien.
Cuanto es la medida del vasto cielo
¿Y de las nubes? no sé dónde van a parar.
Ya no sé bien,
“Si el trueno declara su indignación,
Y si la tempestad su ira contra la iniquidad”
—–…—-
Desechare mi saber. ¡Merece corrección!
Arrástrenle las aguas turbias,
Tráguele la profundidad del mar,
Disípele su tempestad.
Pero antes de morir a él,
Bien pueda conocer:
De la virtud del cielo,
No hay ciencia que le pueda exceder
Y del poder del trueno.
¿Quién le puede entender?

El silencio del Juez

                        Todavía  cargo recuerdos
                 como astillas incrustados en la piel.
                        A:  Agustín
              (un misionero en la selva Colombiana)

De dioses llena la tierra esta.

Y mi queja sigue siendo rebelión;

¡Cuántos gritos hay debajo del cielo!

Cuanto dolor nace de la tierra;

y los príncipes ebrios de vino,

La senda del omnisciente desbaratan,

“ahora soy yo, objeto de su burla”

Cada noche taladran mis huesos.

Me despojan de mi nombre

Se enorgullecen de su violencia,

Hacen andrajos mi vestidura;

Y de dioses llena la tierra esta.

Alma mía III (Ambigüedades del alma)

Vivo en el aire que me disipa

Al fulgor de la lumbre que no nació;

Deambulo en las calles de tu inexistencia;

Y pregunta: ¿quién soy?

Sabe que muero en el misterio;

Sabe que la sombra es tísica;

Sabe que la distancia es corta.

¿Y pide que me vaya?

¿Podría su disparidad afectarme?

¡Alma, alma mía!

Tú sueño empíreo; me insta a volar;

¡Que aire tan nuevo surcaras!

¡Qué vuelo tan nuevo emprenderás!

Tan lejos has llegado…

Quien quiere aprehenderte;

¡Ahora soy yo!

* 11-04-2013

Isha.

Todo. Todo está en ti.

Las flores frescas
Y el verano que les marchita.
Las luces de diciembre,
y el enero que las apaga.
El anonimato de mis letras
Y la clandestinidad en que las lees.
Todo. Todo está en ti..